domingo, 8 de marzo de 2026

Ø

 Calma. No corras. Para. Silencio. Apaga tu cabeza. En la quietud de tu casa, en no hacer nada más que algo rutinario, sin atender absolutamente a nada que no sea esa tarea, surge un espacio de silencio, libre de ruido, un espacio que se puede tocar y llenar de concentración y quietud. Hace falta hacer las cosas despacio. No voy a tener éxito, voy a llegar tarde, pero lo voy a hacer bien y sobre todo, tranquilamente, o viceversa, lo haré tranquilamente y por eso lo haré muy bien.

Ø en danés significa isla. Y eso es precisamente lo que busco, ir a mi isla, aislarme, concentrarme, dejar el ruido externo e interno fuera, centrarme en lo que hago ahora, en cómo lo hago, en los detalles y en los matices. No voy a tener éxito, voy a llegar tarde pero eso es precisamente lo que busco si lo que hago lo quiero hacer bien. 

Me llamo Vilhelm Hammershøi y nunca tuve éxito. Fui pintor en la era del impresionismo, del nacimiento del cubismo y de las vanguardias de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Ellos fueron más rápidos, yo solo quería pintar la luz, los detalles, la vida normal, diaria, con calma, con pausa, con silencio... No viajé, nací, viví y morí en Copenhague, donde pinté. Me perdí Francia y los impresionistas, París y el cubismo, no tenía tiempo para tanto ruido y para todo lo mucho que tenía que hacer, grabando el silencio, la nada, el lento pasar del único tiempo vivido.  

Seguro que el tiempo me pondrá en mi lugar, aunque no tenga éxito. Si me quieren ver, vayan al Museo Thyssen de Madrid hasta el 31 de mayo, hay tiempo, no corran.



domingo, 1 de marzo de 2026

Vuelvo a Londres

Londres, 25 de agosto de 2021, 

Tras 9 años en Madrid, de la forma más sorpresiva del mundo vuelvo a Londres. El 19 de agosto de 2008 me embarqué en un vuelo de insospechadas consecuencias a Londres, solo y con innumerables incertidumbres. Dentro de 30 años, esa decisión aún tendrá consecuencias que a día de hoy ni imagino. No haber ido, habría traído otras innumerables e insospechadas consecuencias. Regresé a Madrid en el 2012 y, ahora, 9 años después regreso a Londres, acompañado de mi familia y con muchas más dudas. El vértigo sigue existiendo. Sé que conozco Londres, sé que siempre me encontré bien aquí pero ya no vivo por mi sino por otros y me cargo con otras incertidumbres porque ha sido insospechado volver a Londres. 

Londres me vuelve a dar miedo. Me descubro siendo otro muy diferente al que fue por primera vez, me descubro con otros miedos e inseguridades, muy diferentes o, quizás, sean los mismos que nunca logré superar.  Quizás es que debo volver a Londres para seguir superándolos, quizás sea Londres mi Ítaca personal pero el caso es que vuelvo al lugar del que una vez no me quise marchar y al que regreso con miedos al no querer irme de mi casa. 

Vuelvo a Londres, a mi casa con pena de dejar la otra. Lo que no saben ustedes es que esto lo empecé a escribir el día que me venía a Londres como motivación para retomar mi blog pero que acabo este escrito en 2026, cuando me toca volver a mi querido Madrid... sin querer irme de Londres.  


domingo, 22 de febrero de 2026

Del médico, la risa y otras curas sin solución

El otro día fui al médico. Era un señor mayor, descreído o más bien tan consciente de su profesión y del hecho de que la ciencia a la que se dedica siempre será derrotada que atendía sin papeles, sentado relajadamente pero atento a lo que le contaba. 

Era un médico del aparado digestivo y, como tal, prestaba atención a las cosas rutinarias, lo que tiene mérito después de tanto paciente, tanta enfermedad, real o no, y tantas consultas sin solución. Tenía ciertamente un aire despreocupado, cercano a la jubilación, daba la sensación de que nada era muy importante y quizás, precisamente por ello, escuchaba despreocupadamente. 

Al acabar mi relato le dije, "...y todo esto es lo que me pasa pero vamos que, por lo demás, yo me encuentro perfectamente y no me pasa nada más". Y fue allí donde estalló la risa del médico. "¿Le parece poco?", me dijo, "bueno menos mal que se lo toma usted así...", me dijo.

Me dio que pensar. Lo primero el instinto de supervivencia que tenemos y que nos hace pensar que no tenemos nada grave. Por otro lado, la falta de solución que tenemos aunque pensamos que la tengamos y lo tercero, cómo la risa y el humor nos ayuda siempre y en todo momento, quizás esa sea la solución porque el caso es que los dos nos sonreímos, descubriéndonos en el optimismo de no considerarnos muy importantes y que, "por lo demás, no me pasa nada más". 

Marché con la prescripción para hacerme más pruebas médicas y con la pesadez de tener que hacerme más pruebas y la carga burocrática que ello implica. Qué rápido se mete uno en la rutina, en las quejas porque como uno está bien y no le pasa nada, pues no se detiene y empieza a pensar en pedir la cita o en la reunión de trabajo que por la tarde tienes y todo ello sin estar agradecido de que "por lo demás, no me pasa nada más". 

Qué inconscientes somos de nuestra propia mortalidad, qué indiferentes a la muerte de los demás, qué falta de atención al paso del tiempo. De 30.000 o 40.000 millones de seres humanos que han existido a lo largo de la Historia, sólo estamos vivos unos 8.000, estamos bien, ya casi ha pasado febrero de 2026...

domingo, 15 de febrero de 2026

Eterno retorno

Con la edad uno aprende que todo lo que ha sucedido ya ha sucedido antes y que desde los romanos no hay nada nuevo bajo el sol. Por eso, con la edad, uno se aburre más pero también es más sabio. Por eso, todas las generaciones piensan que ahora ya no es como antes, que menudo futuro nos espera o que la generación posterior está mucho menos preparada o es mucho peor...

Muchas novelas, libros, películas, canciones abundan en este tema pero ¿saben ustedes por qué esto es así? Hoy me ha dado por pensar la causa, el por qué y en realidad he comenzado a pensar que da igual donde nazcas, cómo seas o cuáles sean tus circunstancias. Ello no cambiará tus anhelos, tus deseos y ambiciones, tus metas. Desde que nacemos, el ser humano siempre ha tenido que resolver los mismos problemas, retos, batallas y desvelos. 

Cuando uno nace, lo primero que precisa es un entorno seguro, con calor y agua, con alimentos y amor. Poco más aunque eso ya sea mucho, en función de en qué parte del mundo estés... Muchos son los que ya nacen sin eso pero quienes sí cuentan con eso, para ellos, se abrirán nuevos escenarios, nuevas fronteras y proyectos que abordar, retos centrados básicamente en contar con... un entorno seguro, con calor y agua, con alimentos y amor. 

Una vez conseguidos esos escenarios, deberemos seguir luchando en la vida por obtener... un entorno seguro, con calor y agua, con alimentos y amor. Abraham Maslow ideó una pirámide jerárquica de necesidades que guiaban la motivación humana, una vez conseguido un nivel el ser humano se centraba en el siguiente nivel de necesidades. Menudo impostor, el ser humano, desde que nace hasta que muere persigue desarrollarse en... un entorno seguro, con calor y agua, con alimentos y amor. Lo que nos distingue de los animales es nada porque ni siquiera tenemos claro que estos objetivos en la vida se conseguirían de manera mucho más sencilla si colaboráramos y no compitiéramos por tener más seguridad, más calor, más agua o más amor; si la solidaridad nos hiciera comprender lo frágil que es la vida y que esto, desde que el mundo es el mundo, siempre ha enfrentado al ser humano, desde diversas circunstancias o contextos, con mejores o peores herramientas o tecnologías, a los mismos problemas. 

Immanuel Kant, uno de los filósofos más influyentes de la era moderna, propuso que la razón humana está inevitablemente preocupada por problemas fundamentales que, aunque no puede abandonar, tampoco puede resolver completamente. Kant explora los límites y capacidades de la razón humana, los mismos límites que tuvieron que asumir los dinosaurios o la estrella gigante de mar, un entorno seguro, calor y agua, con alimentos y amor.