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domingo, 1 de marzo de 2026

Vuelvo a Londres

Londres, 25 de agosto de 2021, 

Tras 9 años en Madrid, de la forma más sorpresiva del mundo vuelvo a Londres. El 19 de agosto de 2008 me embarqué en un vuelo de insospechadas consecuencias a Londres, solo y con innumerables incertidumbres. Dentro de 30 años, esa decisión aún tendrá consecuencias que a día de hoy ni imagino. No haber ido, habría traído otras innumerables e insospechadas consecuencias. Regresé a Madrid en el 2012 y, ahora, 9 años después regreso a Londres, acompañado de mi familia y con muchas más dudas. El vértigo sigue existiendo. Sé que conozco Londres, sé que siempre me encontré bien aquí pero ya no vivo por mi sino por otros y me cargo con otras incertidumbres porque ha sido insospechado volver a Londres. 

Londres me vuelve a dar miedo. Me descubro siendo otro muy diferente al que fue por primera vez, me descubro con otros miedos e inseguridades, muy diferentes o, quizás, sean los mismos que nunca logré superar.  Quizás es que debo volver a Londres para seguir superándolos, quizás sea Londres mi Ítaca personal pero el caso es que vuelvo al lugar del que una vez no me quise marchar y al que regreso con miedos al no querer irme de mi casa. 

Vuelvo a Londres, a mi casa con pena de dejar la otra. Lo que no saben ustedes es que esto lo empecé a escribir el día que me venía a Londres como motivación para retomar mi blog pero que acabo este escrito en 2026, cuando me toca volver a mi querido Madrid... sin querer irme de Londres.  


domingo, 18 de noviembre de 2012

No me quería ir de donde no quiero regresar.

Ya ven, no es lo mismo habitar una ciudad que visitarla. Nada tiene el habitante con el turista y su modo de relacionarse con la ciudad. Llevo más de un mes viviendo una ciudad, Londres, de la que realmente ya no formo parte. Vivo en Londres pero pienso en Madrid, próximo destino. Me despido de mi Londres, el mío, uno de los muchos que hay.

Cae una ligera lluvia, fresca, bajo por King´s Road pensando en el tonto miedo que tuve por venirme a esta maravillosa ciudad. Lo desconocido, la aventura, en ocasiones nos aterran, preferimos lo establecido, lo convencional. Quizás por eso sea ahora Madrid lo que me aterra, echo de menos Londres. Antes de irme debo ir por última vez a mi parque, en el que corrí tantas tardes, Saint James Park. Entiendo que Madrid tiene el Retiro, entiendo que voy a un buen lugar pero aún me quedó ir al Victoria and Albert Museum por última vez, bajar por Embankment viendo el Támesis, cenar en el indio de al lado de la que acaba de dejar de ser mi casa.

No deja Londres de ser una metáfora de la vida, en la que empiezo a sentir nostalgia de lo que acaba de ser mío. Podría haber ido una vez más a Wimbledon, al parque de Richmond, por qué no acercarme al British o a Hampstead. Fue todo tan rápido. Y ahora no quiero irme de donde no quiero regresar, no quiero perder   Londres sabiendo que en Madrid voy a ser feliz, porque siempre queremos lo que no tenemos, eternos insatisfechos.

Hace frío en Victoria Station al filo de la dos de la madrugada, recién cerrada la estación. Paseo por Belgravia solo, por ese barrio que tanto me enseñó, sabedor deque deja ya de serme familiar, empiezo a ser un extraño para Londres, bienvenido a casa, bienvenido a Madrid, donde estaré tan bien que no valoraré lo que tenga, ni sus encantos, ni el Retiro, ni el Rastro o la calle Serrano o las tabernas madrileñas... hasta que lo pierda y vaya a otra ciudad a la que no quiera ir pero de la que tampoco quiera regresar, !pasa todo tan rápido¡. Feliz semana.

domingo, 15 de enero de 2012

La distinción que te da vivir fuera de tu país.

Salgo de casa, con prisa, llego tarde. Paso por un restaurante español cuyo propietario es un indio. En las paredes términos que son característico de lo español, "castilla", "vinagre", "canela" y "salsa", claro que eso es más cubano que español porque se referían a que daban clases de salsa.

Llego a la parada, me falta lo que en Madrid denominamos metrobus., aunque aqui es mucho más caro que en Madrid. Lo compraré al conductor, me pienso, o no, aqui hay autobuses donde puedes comprar el billete pero en otros no, depende de cuál te toque. Llega el 11, me puede llevar aunque quizás fuera mejor el 24. Entro y le doy un billete de 20 libras, en este bus se puede comprar el billete pero resulta que el conductor no tiene cambio. Me da un recibo que me habilita a viajar exclusivamente en ese autobus y que vale por 2,20 libras que deberé reintegrar bien por correo, mandando un cheque, por teléfono con una tarjeta o en cualquier estación de metro, en un plazo de 5 días. Confían en mi buena fe, anda que si fuera en España...


Llego a mi destino, pero mi acento sigue siendo extraño, la gente se sonríe aunque por otro lado, piensan que hablo muy alto y de una forma muy directa, hasta agresiva para un inglés y poco a poco me voy dando cuenta que el extraño soy yo, el distinto. Es difícil relacionarse con ingleses, será porque tienen su vida ya hecha y no necesitan conocer a alguien extraño, distinto y diferente a sus costumbres y su cultura, ése soy yo. Supongo que piensan que soy un torero que baila flamenco y romántico hasta morir. Soy peligroso como latino que soy y sobre todo, soy distinto, no estoy en mi país, observo. Esta vez sí vale el tópico para pensar de mi, por más ridículo que me parezca.

Mañana toca sacar la basura, si quiero reciclar he de esperar al miércoles y el jueves vuelvo a sacar la basura orgánica, el resto de días no hay basura, sigo siendo distinto, es la diferencia que te da vivir fuera de tu país. Aqui las cosas no son como te piensas, insiste en despedirte diciendo "take care" o "have a good day", habla más educado y de forma menos directa, y sigue observando. Tú eres el otro, el que has llegado, tú eres el que ha de adaptarte, si en el bus no se puede comprar el billete, has de bajarte, si hablan de tu país te hablarán primero de Barcelona, luego de Mallorca y si dices que eres de Madrid te hablarán de Cristiano Ronaldo... con unos cuantos "olés" intercalados y contándote entusiasmados la vez que ellos fueron a tu país.

Decido adaptarme, voy a un pub a beber cerveza, no hay tapa y mucho menos aceitunas, aqui se bebe con el estómago vacío y no se da nada gratis, paga justo después de pedir tus cervezas, son las reglas. En esto, en cambio, no se presupone la buena fe, a diferencia de España y así se nos podrían ocurrir mil ejemplos más de diferencias, pero ojo, son tus diferencias, no las de ellos. El vivir fuera de tu país te hace ser el otro, allá donde estés, te da capacidad de adaptación así que, en Inglaterra, empieza a hablar más bajito y paga tus billetes de bus y, sobre todo, ten claro que tú eres el diferente, eso, sin duda, te enriquece.

domingo, 14 de agosto de 2011

Escobas en Londres.

Llevo 3 años viviendo en Londres. Cada día me sorprende y me gusta más esta maravilllosa ciudad a pesar de los episodios de brutal violencia que hemos visto esta semana. He leído muchos artículos al respecto. De enviados especiales que apenas conocen Londres, de diplomáticos jubilados que simplemente dan su visión personal de las cosas, de corresponsales que aún viviendo aqui y conociendo Londres hablan de "revoltosos" y de "protestas"... no pretendo criticar a nadie pero son todas explicaciones cortas, opiniones personales o intencionadas y todas explican la realidad parcialmente. 

Las causas dicen ser el descontento social, la falta de oportunidades, la convicción de que no hay nada que perder, ni siquiera el futuro. Hablan también de recortes presupuestarios, de crisis de valores, del fracaso educativo, de violencia gratuita, de un excesivo Estado del binenestar... Puedes vivir en Londres y no darte cuenta de las revueltas que ha habido. Si vives en ciertos barrios de la ciudad, en lugar de policías y escaparates blindados, solo verás ferraris, austin martin, joyerías y pubs. A no más de 10 minutos en coche o incluso andando, verás en cambio barrios muy distintos, más sucios, con las casas sin arreglar y con mucha policía. 

El London Evening Standard (el equivalente al periódico "20 minutos" en España) lanzó hace unos meses una campaña benéfica para los denominados "Dispossessed", donde nos daba un dato impactante. En la capital más rica de Europa, la mitad de los niños vivían por debajo del umbral de la pobreza. Hay muchos Londres, pero se dividen en dos, el rico y el pobre. Hay un Londres caribeño, otro bangladesí, el indio, Chelsea, Wimbledon... En Tower Hills, en la City londinense, en medio del lujo y la riqueza surge un barrio con uno de los PIB´s per cápita más bajos de Europa, una de las zonas de mayor desigualdad social dentro de Europa. En Primrose Hill, al norte de la ciudad, un barrio idílico, se oponen a que se les ponga una estación de metro, no vaya a ser que vaya la gente...

Con todo, no trato de disculpar a quienes han asaltado e incendiado locales y agredido, o incluso matado a personas. Hay pillaje por pillaje, porque la tele de plasma está ahí y es gratis llevársela. Hay estudiantes de universidades, modelos, profesores, personas con buenas nóminas también entre los detenidos. Desde la Grecia clásica, vivimos en una permanente crisis de valores, hay hombres que son lobos para los otros hombres, ya sea en Brixton, en Roma o en Singapur. Sin embargo, estos días en Londres la gente salía a limpiar sus comunidades, armados de escobas y siendo un ejemplo para todo el mundo. Los lobos no están solos, también hay personas.

Muchas son las causas que han llevado a esta situación. Aparte de la clara línea que distingue a un Londres multimillonario de otro paupérrimo, podemos hablar de padres que no se hacen cargo de sus hijos, de los efectos de un Estado del bienestar excesivamente protector que proporciona casa y ayudas económicas y ahonda en esta división entre ricos y pobres. Otros en cambio buscan las causas en los recortes sociales que hubo en los 80, con Margaret Thatcher. La situación es muy compleja, hay infinitas causas más.  Por ello, la solución también pasa por ser compleja y variada. No quiero hacer el post más largo, ya lo es, sigo sin aclararles nada, cometo el mismo error que otros cronistas. De todo lo leído esta semana, les recomiendo el siguiente artículo, es el que más luz me aportó:

domingo, 31 de octubre de 2010

Del extranjero y otras zonas de comfort...

¿Saben cuál es una de las primeras palabras que uno aprende en Londres?. "Scaffolding", sí sí como lo oyen. Uno llega a Londres y empieza a ver la palabra "scaffolding" por todas partes. "Scaffolding" por aqui, "scaffolding" por allá. 

Nada más llegar a un sitio que no es tu país y donde vas a pasar un buen tiempo, uno es una esponja, lee todos los carteles, cualquier información es importante. Bajas del metro, coge el periódico gratuito que reparten, trata de ser uno más, no un turista. ¿Qué es un "direct debit"?. ¿Cómo me abro una cuenta corriente?. Necesitas tener un contrato de algo, de luz, de teléfono, de gas, de lo que sea, algo que demuestre que tienes un domicilio. ¿Cómo tener un contrato de gas?. Bueno necesitas una cuenta bancaria. Bien por ahí no avanzamos mucho. Sacas las basura, al día siguiente sigue ahí, acabas de aprender que no todos los días se recoge la basura. Cambia, adáptate, escucha, no estás en tu barrio, mira otra vez la palabra scaffolding por ahí...

Y así pasan dos meses y, de repente, viene un amigo de Madrid que va a vivir en Londres. No te preocupes, le tranquilizas, la basura se saca los martes y por cierto "scaffolding" lo vas a ver por todas partes... Ya sientes que eres de Londres, tu zona de comfort ha crecido, empiezas a no leer todos los carteles, sólo los que te interesan.

Inmediatamente después pasan dos años. Tu amigo que acababa de llegar a Londres regresa de nuevo a Madrid, no quiere. Ahora siente que volver a Madrid es salir de su zona de comfort, su casa está en Londres. Ignora, una vez más, que la aventura ha vuelto a comenzar y que eso es muy bueno. Que, además, la aventura esta vez está allá donde siempre se crió. Y tú sigues a lo tuyo. Los taxis de Londres son mejores que los de Madrid pero Madrid tiene el aeropuerto mucho más cerca...

Y pasa otro año. Eres tú mismo el que vuelves. Tus amigos han cambiado, no estabas el día que quedaron para ir a ese pueblo tan bonito, cómo se rieron en esa cena que tuvieron. Por cierto, cerraron el parque de toda la vida, están haciendo un aparcamiento subterráneo. Empiezas a leer todos los carteles, empiezs a volver a tener el mapa del metro de Madrid en tu cabeza, te olvidas del de Londres. Cambia, adápate, escucha pero, en realidad, nada ha cambiado... pasados los dos primeros meses de tu  vuelta, empieza a crecer tu zona de comfort, has vuelto a casa, por esta vez...  Te das cuenta que los cambios no son tantos, que enseguida debes adaptarte, no hay tiempo para más, hasta la próxima. Por cierto, "scaffolding" significa andamio.

domingo, 13 de diciembre de 2009

De los picos de Jerez y otros destinos.

Me meto en el supermercado, el Sainsbury´s, que abre hasta las diez. Todos los dependientes me son exóticos. Me llena la bolsa un señor muy mayor que trabaja para poder completar una pensión irrisoria. No hay carnicería ni pescadería, en la sección de platos preparados diversas recetas indias. De todos los productos venden la versión "normal" y la versión orgánica.

Sigo comprando, junto a las películas venden las inconfundibles patatas fritas Tyrrels, avinagradas, tan adictivas como las patatas fritas que me ponen en cualquier bar del Retiro. Si me traigo las bolsas de casa me dan dos puntos en la Nectar Card, con 1000 puntos tengo dos libras y media para poder gastar.

Busco la leche pero toda es fresca, hay más clases que en España, muchas más, entera, desnatada, semidesnata, con un 1% de grasa, con 0,1%... cojo la botella de las cuatro pintas para que me dure varios días, aunque aqui la leche caduca antes. Paso por la sección de vinos, los españoles no ocupan un lugar preeminente. ¿Dónde venderán los bizcochos de soletilla?. Seguro que aqui no habrá, como el Colacao.

Termino la compra, paso por la sección delicatesen y allí están: los picos de Jerez, solo queda una caja a casi 3 libras. Si supieran que en mi país los picos de Jerez se venden en cantidades mucho más grandes y mucho más baratas y no son considerados un producto de gourmet. Y así me vuelvo a casa, pensando en que debiéramos ver la vida con ojos de turista o de niño, es decir, siempre ilusionados, considerando que los picos de Jerez son una delicatessen como el poder darnos un paseo o leer el periódico o desayunar en la cafetería de al lado del trabajo. Cuando uno viaja todo le va bien, cuando uno está de vacaciones todo le va bien, en el día a día se trata de pasar, qué horror, mañana es lunes. Los picos de Jerez son una delicatessen, qué bueno, los lunes también.

Definitivamente me quedo con la visión del turista o del niño, para ellos la rutina es un asunto de sorpresa, la normalidad algo a descubrir todos los días y algo tan normal como los picos de Jerez o jugar en el parque son una delicatessen. Me voy a la caja con los picos en cuestión, pagaré por ellos un precio desorbitado, esta ocasión lo merece, mañana también...

domingo, 13 de septiembre de 2009

La normalidad que también te da vivir fuera de tu país.

A menudo me preguntan por la calle. Es algo normal que todos los días alguien me pare y me pregunte algo. No sé si por las gafas o por la forma en que voy vestido, no sé si por la nariz que tengo o porque la gente se debe pensar que sé lo que ellos precisan saber pero el caso es que a menudo, alguien me detiene y me pregunta por una dirección o por cómo es la mejor forma de llegar a un sitio o dónde pueden encontrar un cajero de un banco determinado o dónde está la parada de taxis más próxima.

Me sorprende la frecuencia con que esto me ocurre, casi a diario. Todo esto, que sea algo frecuente allí donde te has criado, pues no deja de ser algo normal, más aún en una ciudad como Madrid que dominas ya a la perfección. Que te pregunten a diario puede ser algo normal que no deja de pertenecer al mundo de las casualidades.

Sin embargo, al poco de llegar a Londres me volvió a pasar esto. La primera vez que se me acercó alguien con la intención de preguntarme, puse un gesto de entre aterrado y escéptico, sin ocultar que yo no pertenecía a ese ámbito, a ese mundo en el que estaba pero no estaba. Con todo, supe la respuesta a la pregunta, al fin y al cabo no es difícil indicar dónde está la Estación Victoria cuando te encuentras a menos de cien metros de ella.

A partir de entonces me ha vuelto a ocurrir frecuentemente el hecho de que alguien se acerque y, aunque sigo respondiendo de una forma entre aterrada y escéptica, he de reconocer que cada vez contesto de forma menos insegura y poco a poco me doy cuenta que voy formando parte de este otro ámbito donde estoy viviendo, que han pasado los suficientes martes como para que la cajera del supermercado me diga cómo estoy o que hacía tiempo que no me veía, que ya ha habido la estaciones necesarias como para sentirme de este barrio y comprender que uno es de donde pace aparte de donde nace. Ya no es todo nuevo, ya hay una frecuencia de usos y costumbres, de ciertas personas anónimas que forman parte de la vida diaria de uno mismo, de lugares y esquinas plenamente reconocibles y autobuses y rutas que son tan familiares como las que empleaba en Madrid.

Ya no soy un recién llegado y eso se traduce en una cierta sensación de normalidad, de capacidad para contestar a las personas que te paran por la calle preguntando por una dirección y con todo ello me doy cuenta que poco nos hace falta para acostumbrarnos al cambio, para adaptarnos fácilmente a otras formas y saber encontrar una normalidad en ellas, una normalidad que el propio tiempo nos concede, aunque no queramos.

domingo, 23 de agosto de 2009

El chatarrero observador

"Prueba esto, te hará sentir mejor, a mi hijo lo curó de unas fiebres", me dijo aquel indígena de Jamaica, refiriéndose a una agua sucia, de color marrón y con un fuerte olor a aceite de coco. Si algo tiene de positivo el ir a Jamaica en el siglo XVII es que te abre la mente. En realidad, no hay mucha diferencia con la actualidad, ir a Jamaica o a cualquier parte del mundo te sigue abriendo la mente. Maldita las ganas que tenía yo de probar esa bebida pero bueno, mucho me temo que si la hubiera rechazado algo malo podría habernos pasado. Eso es lo bueno de hacer expediciones a Jamaica en el siglo XVII, que te obliga a probar cosas nuevas aunque, en realidad, tampoco hay mucha diferencia con la actualidad, hacer expediciones siempre es una experiencia novedosa que te hace crecer. Por cierto, aquella bebida era asquerosa y repugnante pero eso es lo de menos.

Siempre tuve mucha suerte en la vida. Nací en Irlanda en el seno de una rica familia que me pagó los estudios en Irlanda, Londres y Francia. Fui afortunado y aproveché las oportunidades hasta llegar a ser médico. Estudié Química y Farmacia, Medicina, Anatomía y, mi pasión, Botánica. En Francia conocí a Joseph Pitton de Tournefort y Monsegnor Magnol, unos tipos extraños que se dedicaban a recolectar nombres y plantas y darles un nombre, decidí copiarles al partir para Jamaica.

Años más tarde, había reunido 12.500 especies de plantas y vegetales, 6.000 conchas, 9.000 especies de invertebrados, 1.500 peces, 1.200 pájaros, huevos y nidos y más de 3.000 especies de vertebrados, lo que supuso el asombro y el escándalo del bueno del botanista Linneo cuando me visitó y vio el desorden con el que guardaba todo ello. Además tuve 32.000 monedas y hasta un total de 200.000 artículos. A mi muerte se fundó con mis colecciones el Museo Británico y el Museo de Historia Natural.

Por cierto, soy Hans Sloane y aquella bebida tan asquerosa que probé, algo así como cacao lo llamaban, la decidí mezclar con leche e inventé entonces el chocolate con leche. Viví hasta los 93 años y no hubo un solo día que no me bebiera un chocolate con leche desde que lo probé por primera vez. Qué importante es observar.


miércoles, 19 de agosto de 2009

De cómo pasa el tiempo en el extranjero

Hoy hace un año llegué a Londres. Un 19 de agosto cargado de incertidumbres y esperanzas, proyectos y despedidas, de miedos y fortalezas, un 19 de agosto ciertamente optimista. Llegué a Victoria Station exactamente hace un año, 365 días. Recuerdo que llovía y me dije: "pues si llueve en agosto no te queda nada todavía por pasar aqui...".

Hoy hace un año surgen las mismas sensaciones encontradas. Cuando uno está en el extranjero el tiempo vuela pero es intenso. Ha pasado un año, en realidad ha volado un año pero lo recuerdo como si me hubiera ido hace cuatro. Cuando uno vive fuera de su país es lo que ocurre, todo es muy intenso, eres una esponja que trata de absorberlo todo, de aprenderlo, de hacerte a un ambiente cuanto menos extraño. Es entonces cuando el tiempo pasa lento, al fin y al cabo tienes una tarea ingente por delante que has de abordar lo más pronto posible.

Y es entonces cuando el tiempo pasa rápido porque empiezas a hacer cosas, a enterarte de cómo sacar la basura, de cómo inscribirte en el ayuntamiento o cómo pagar el gas y es entonces también cuando el tiempo empieza a pasar rápido, haciendo mil planes, recibiendo familiares y amigos desde España o yendo de visita por toda Europa. Y así las cosas ha pasado un año de forma muy rápida pero de forma muy lenta también porque, cuando vuelves hacia atrás, empiezas a recordar lo vivido y no das crédito de todas las cosas por las que has pasado.

Comprendes que es igual cómo pase el tiempo. Resulta que tanto en Londres como en España, en Angola o Vietnam contamos con los mismos segundos, minutos y horas. Parece ser que en Washington los días también tienen 24 horas, como en Ibiza, Lisboa o Buenos Aires.

Y poco a poco comprendes que lo importante no es si el tiempo pasa rápido, sino que lo crucial es llenar tu tiempo con novedades, con nuevas personas, con nuevas experiencias, nuevos sabores y nuevas formas de pensar sin olvidar por eso de dónde vienes y las personas, experiencias, sabores y formas de pensar que ya te acompañaban. Todo suma y es eso lo que hace que el tiempo, a pesar de que vuela, pese y lo recuerdes como intenso, ya vivas en el extranjero o en tu país. Hoy hace un año llegué a Londres, que rápido ha pasado pero qué lento ha sido...

domingo, 19 de julio de 2009

No finja, es agotador.

Mi nombre es Chris Wilton y, en ocasiones, no es fácil decir la verdad. A veces es más cómodo dejar llevarse por las apariencias, no afrontar los conflictos. Es realmente absurdo no seguir una vocación, una pasión pero hay días que preferimos sacrificar la satisfacción en beneficio de la tranquilidad, días en los que postergamos nuestros sueños con tal de que otros nos acepten, por sentir que formamos parte de un entorno.

Luché mucho para llegar a donde llegué, maté a dos personas y logré mantener, por unos años, la apariencia de formar una familia feliz con mi esposa Chloe, con un buen trabajo y una maravillosa casa con vistas al Big Ben. Durante tres años más, seguí comprando en Ralph Lauren y mi chófer me llevaba frecuentemente a Bond Street a comprar joyas en Tiffany´s con las que apaciguar mi falta de entendimiento con Chloe.

¿Piensan que tuve suerte? ¿Creen que confiar a la suerte en lugar de al talento o al trabajo hizo que se resolvieran mis problemas? Pronto me di cuenta que el hecho de que no me detuviera la policía, de que pudiera volver a mi apariencia de hombre de negocios, felizmente casado, era peor que cualquiera de las condenas judiciales que pudiera haber tenido por el asesinato de dos inocentes. Significaba que volvía a vivir de mentira, que no era yo quien escribía el guión de mi propia vida sino que ésta venía determinada por lo que yo pensaba que los demás creían o esperaban de mi. No se imaginan lo que pesan dos cadáveres, bueno o mejor dicho, no se imaginan lo que pesa llevar una vida de apariencias.

No lo pude soportar, lo dejé todo y ahora lo único a lo que aspiro es a encontrarme a Woody Allen, el director de la maravillosa película que protagonicé, para explicarle que el único error que cometió haciéndola fue titularla "Match Point". Cuando mi vida volvió a la normalidad, con el nacimiento de mi hijo, a los pocos meses, comprendí que aquello que había vivido en esa película no era un "Match Point", era simplemente un punto de set y que los partidos se ganan cuando intentamos cumplir nuestros sueños. No lo olviden, la cuestión no es tener suerte o talento, es estar a gusto con uno mismo y con su vida...


domingo, 28 de junio de 2009

Aunque te tiren lechugas

Aquella mañana era realmente desapacible. Había vivido muchas mañanas pero ninguna con esa lluvia racheada y fría que empapaba los huesos. Londres siempre fue una ciudad húmeda y sombría y yo estaba harto. Necesitaba viajar y ver mundo, una vez más, como llevaba haciéndolo desde hacía ya casi dos décadas.

He conocido muchos sitios y afrontado mil peligros, llegué hasta Moscú y más lejos aún, hasta la mismísima Persia. Precisamente de Persia me traje aquel parasol que tan útil resultó en el desierto. Y allí estaba yo, encerrado en casa, sin poder salir a ver mundo por esa lluvia desquiciante, qué limitado y aburido me encontraba.

¿Y si cogiera el parasol para resguardarme de la lluvia? -me dije-. Cinco minutos después, en la calle ya había recibido varios tomatazos, verduras cocidas y agua sucia. La gente se reía a mi paso mientras yo me convencía de que estaba en lo cierto. La gente de bien se reía de mi, diciendo que era una prenda para que las damas se procuraran sombra en los días de sol. Las gentes menos pudientes directamente me tiraban cubos de agua sucia, coles y zanahorias. Y ahí seguí yo, durante años usando en Londres, públicamente, el parasol de Persia frente a la lluvia, las risas, las críticas, la vergüenza y... las lechugas.

Todo Oxford Street se reía de mi pero yo sabía que estaba en lo cierto. "Pronto será popular", me repetía una y otra vez. Los cocheros empezaron a odiarme, temiendo que el uso del parasol frente a la lluvia arruinara sus negocios. Los puritanos me juzgaron diciendo que si Dios quería que nos empapáramos los huesos, no podíamos negarnos a ello armados con un peligroso... paraguas. Y ahí seguí yo, usando el parasol de Persia frente a la lluvia y cada vez menos risas, críticas y... lechugas.

Y resulta que estaba en lo cierto, soy Jonas Hanway y, 44 años después de morir, abría en el 53 de New Oxford Street "James Smith and Sons", la primera tienda dedicada solo a la venta de paraguas, ese, absurdo para los de mi época, accesorio básico de un gentleman. Ande yo caliente... o mejor dicho ande yo seco... y ríase la gente.

domingo, 17 de mayo de 2009

Belgravia y las vidas que pude haber tenido

El barrio de Belgravia es el barrio más elegante de todo Londres. Ni Chelsea Ni South Kensington pueden llegar al nivel de exclusividad de Belgravia. Grandes mansiones de ricas familias se ubican en este barrio que surge a espaldas del palacio real. Como curiosidad, la serie Arriba y Abajo se rodó en el 165 de Eaton Place mostrando la vida de una acaudalada familia y de su servicio. Curiosamente, los siriventes vivían en lo que ahora se consideran las mejores plantas de esas mansiones, las de arriba y que, durante la época en que se ambienta la serie, eran las habitaciones destinadas a vivienda de los criados.

Hoy en día, las calles están pobladas de Roll Royces, Ferraris, Aston Martins y Bentleys que duermen en sus calles, al aire libre. Así es Belgravia, poderío y despreocupación por todas partes. Paseando un día con unos familiares por esas calles, surgió el típico comentario: "qué vidas hay en el mundo", "¿por qué no nos habrá podido tocar a nosotros?".

El comentario surgió una tarde de vacaciones en Londres, con la perspectiva de ir a un musical fantástico dos horas después y tras una soberbia comida en uno de mis restaurantes favoritos y yo me pensé: "¿por qué nos comparamos?", "¿por qué nos cuesta tanto admitir que estamos muy bien tal y como estamos?, ¿que somos ya unos privilegiados por el mero hecho de tener unas capacidades, como andar, oír, oler o ver?". "¿Que aparte de esas capacidades, podemos comer todos los días, beber una cerveza fría o hablar con nuestros amigos?". ¿Por qué tiene que pasar una desgracia o algo traumático para caer en la cuenta de lo bien que estábamos?".

Indudablemente, podríamos haber nacido en Belgravia, vivir en una de sus mansiones y tener una plácida vida. Por otro lado, incluso podríamos haber sido infelices en Belgravia si fuéramos, por ejemplo, a las islas Canarias, a Lanzarote y viéramos y nos comparásemos con cómo se vive por allí. Nunca tendremos lo que queremos porque siempre queremos lo que no tenemos y, mientras sigamos en esa dinámica, no lograremos disfrutar.

Si bien nunca podremos vivir en Belgravia, aquella tarde fue mágica, continuamos andando hasta llegar al teatro donde echaban el musical, lo pasamos muy bien, cenamos en una casa fantástica, al día siguiente conseguimos desayunar e incluso han pasado unos cuantos meses en los que hemos seguido viviendo y estando muy bien. Mis queridos monos del Senegal, dejen de compararse con otros, siempre habrá alguien más alto, guapo y listo pero en lo que no les deben superar nunca en la vida es en la capacidad de disfrutar de las cartas con las que vinieron al mundo. ¿Qué piensas?

domingo, 10 de mayo de 2009

Las personas que conoces cuando vives fuera de tu país

Carnicero, durante 35 años, emigrante que echa de menos su Asturias natal y aún recuerda la visita del Sporting en los años 70 cuando fue a jugar un amistoso en honor de los emigrantes españoles. Amiga de una amiga, muchos años fuera de España y los que le quedan por delante dado que ya no se encuentra cómoda en su país. Joven estudiante que viene a Londres a probar suerte tras una mala experiencia laboral. Señora gallega que tiene su vida aqui, joven española que tiene también su vida aqui. Matrimonio joven que persigue una buena oportunidad profesional si bien ella no las tiene todas consigo y que dicen en tres años volverán a España. Amigo del colegio que hace tiempo dejé de ver y que piensa en volver a España. Joven brasileña que, por fin, puede sonreír porque hay alguien que le devuelve la sonrisa...

Podría seguir relatando personas y personajes que uno conoce cuando vive en el extranjero. Ya hemos repetido varias veces que, cuando uno sale de su país, automáticamente sale de su zona de comfort, de la comodidad y se ve obligado a no encerrarse, a no actuar con automatismos. A abrirse como nunca lo ha hecho si no quiere que se le haga dura, difícil y solitaria su estancia en el exterior. Pocas personas nuevas conoces cuando vives en tu ambiente, con tus amigos, tus compañeros del trabajo, tu familia y tus vecinos pero, sin embargo, la necesidad de interactuar es mayor cuando estás solo, como esos jubilados que pegan la hebra en el autobús porque pasan la mayor parte del tiempo solos en sus casas.

Cuando sales, cuando viajas y cambias es inevitable conocer personas, las conoces aunque no te lo propongas y ese conocimiento es mucho más rápido que cuando uno vive en su país. La velocidad e intensidad es mayor, no hay tiempo, estamos de paso, quizás mañana ya se haya ido aquel vendedor de frutas que conociste ayer. En tres minutos te cuentas tu vida y en los próximos tres estás brindando por tantas cosas que tienes en común con el recién conocido.

Y surge la solidaridad, el invitarte a cualquier plan que haya con tal de que no estés solo y compartes la necesidad de conocerlo todo y aquello que acabas de aprender se lo dices al otro y así vamos, de paso, conociendo a unos y otras, ayudándonos, más rápido, más intenso pero más fugaz. A ver mañana a quién conocemos...

domingo, 5 de abril de 2009

La inmediatez que te da vivir fuera de tu país

Cuando uno es un niño todo lo quiere aprender. Recuerdo cómo, recién adquirida la capacidad de leer, iba leyendo todos los anuncios de la calle, de las paradas de autobuses, de los cines y teatros. Cuando uno es un niño, tiene una curiosidad innata. Todo lo tienes que probar, tocar, preguntar, todo es una sorpresa y una fiesta.

Ese interés, esa novedad que supone el no comprender la realidad se va apagando poco a poco a medida que vamos entendiendo los telediarios, los periódicos, las películas, la historia, tu ciudad

Cuando uno sale fuera de su país, sin embargo, esa sensación vuelve a aparecer en los primeros meses de la estancia. De repente, uno se dedica al turismo como rutina, relaciona los puntos de la ciudad que va conociendo, está atento, conoce sitios interesantes donde comer y los recuerda, esa iglesia, el mercadillo de dos calles más abajo y la tienda que le comentaron. Cuando uno sale al exterior, a un ámbito distinto, ha de ir reconstruyendo sus rutinas y, por un tiempo, vuelve a ser ese niño que parece que no va a volver a vivir el jueves que acaba de pasar.

¿Qué ha estado todo el día paseando y está cansado? No importa, ha de ir a la siguiente esquina y comprobar que allí está esa panadería francesa que le recomendaron.

¿Qué hoy hace mal tiempo? Abríguese porque debe ir a conocer el parque del que le hablaron. Quizás mañana no podrá visitarlo porque debe aprender otra historia, otro lugar, más lejos, sin pereza, sin descanso, al menos hasta que la novedad deje de serlo, al menos hasta que su nuevo ámbito no sea tan distinto. Pregunte, lea todos los carteles como cuando era pequeño, entérese de todo hasta que, poco a poco, comprenda la sociedad donde está viviendo.

Así es vivir en el extranjero, te da inmediatez, de querer saberlo todo ya, de querer visitarlo todo ahora para poder comprender donde está viviendo uno. Manténgase alerta, aprenda, muévase hoy mejor que mañana y ayer mejor que hoy...

domingo, 8 de febrero de 2009

El optimismo de vivir fuera de tu país

Cuando uno sale de su ámbito inevitablemente lo hace para mejorar. Da igual las circunstancias que te lleven a irte de tu país, que seas marqués o pescador, embajador o camarero. Uno se va con el convencimiento de que su vida va a ser mejor. Tanto si te ves obligado a exiliarte como si vas a buscar una mejor posición económica o simplemente para que tus hijos aprendan un idioma distinto, la motivación siempre será la misma, mejorar en tu vida.

¿Es usted un cooperante que prefiere irse a arreglar una tragedia humanitaria? Entonces se irá seguro de que sigue su vocación y, por tanto, también su vida será mejor. Siempre nos mueve lo mismo, el optimismo, la creencia de que al salir nuestra vida va a ser mejor.

Da igual el país, el trabajo, la causa o las circunstancias, uno se va movido por el optimismo. La Historia de la humanidad es la historia de su movimiento. Una historia de nómadas con vocación de sedentarismo, una historia, por tanto, de optimismo.

¿Es realmente mejor la vida cuando uno sale? ¿Se ve el optimismo confirmado cuando nos empuja a marchar?. Esa pregunta se la hizo el otro día un gallego a una andaluza en Londres y ninguno supo qué contestar. Para mi la respuesta forma parte del destino de cada uno, hay gente que marcha y se arrepiente, personas que se desarraigan y pierden el contacto con la familia e, incluso, inmigrantes que pierden hasta la vida cuando lo que buscaban era simplemente mejorarla. Otros piensan que se tenían que haber marchado antes y que son capaces de labrarse una trayectoria de éxito impensable en sus ámbitos de origen.

Con todo, que haya una idea, un proyecto, una creencia de que las cosas nos van a ir mejor y eso sea lo que nos impulse es verdaderamente loable. Uno confía en que las cosas van a resolverse y lucha por ello, se esfuerza, se curte en un ambiente distinto, no comprensible y con muchas barreras. Todo un ejemplo.

Mis queridos monos del Senegal, confíen y esfuércensen, tanto si se quedan en su pequeño bosque de Senegal como si deciden irse a Nueva York. Esa actitud igual no les vale de nada o van a peor pero, al menos, lo intentaron.

domingo, 4 de enero de 2009

la incertidumbre de vivir fuera de tu país


"¿Cuántos años llevas por aqui?" 39. "¿Y piensas volver?" "Sí, estoy deseando jubilarme para regresar" o "no, aqui tengo mi vida" son las dos respuestas que he escuchado y es que, cuando uno sale de su país, ya no sabe qué va a suceder. Esto es como las obras de una casa, se sabe cuándo se empieza pero no cuándo se acaba.

He conocido gallegos que se fueron para tres meses y llevan 39 años fuera de su país. Sevillanas que se marcharon a estudiar seis meses y viven desde hace 10 años con su novio finlandés en Manchester y que, cuando se paran a pensar motivados por tu pregunta, ven que han optado por un viaje muy distinto a lo que, en principio, tenían pensado.
 
Dicen que la frontera en la que dejas de ser de tu país para no serlo tampoco de donde vives son los 10 años y ese tiempo a muchas personas se les ha pasado en un suspiro. Cuando uno se marcha comienza la incertidumbre, París, Roma, Tokio, Nueva York o Ávila, uno ya no sabe dónde va a vivir, de dónde va a ser y comienza a tener dos carteras, dos móviles, dos monederos, apreciando lo bueno de dónde vive y lo bueno de dónde nació.

En realidad, poca diferencia hay con quien se queda toda la vida en el pueblo, dado que la vida en sí misma es una pura incertidumbre. Sin embargo, quien vive fuera de su país ha de ser más consciente de esa incertidumbre, al tener que percibir más claramente las cuatro partes en que nos dividimos, una con todo aquello que conocimos, otra con todo aquello que estamos conociendo, una tercera compuesta de todo aquello que aún queda por conocer y una cuarta con todo aquello que estamos dejando de conocer. Esas cuatro partes se perciben, como os digo, mucho más claramente desde el exterior.

Sin embargo, poco importa esa incertidumbre, el tiempo ya se encargará de que tengamos buenas experiencias, ya sea en Pekín, Nápoles, Trípoli o Sidney.





miércoles, 10 de diciembre de 2008

El valor de vivir fuera de tu país

Hace 10 días fui a comer a un restaurante chino en la zona de Chinatown en Londres. Fue una agradable comida donde un camarero chino llamado Antonio me contó que vivió en Usera durante un tiempo. Qué vidas y qué mundos hay por ahí. Alguien de las personas con las que comía comentó, por cierto, que en Usera se encuentran los más auténticos restaurantes chinos en Madrid.

A la hora de pagar, todos pusieron su parte y yo, que en Londres no acostumbro a llevar dinero, decidí pagar con tarjeta. La camarera se me acercó y me indicó que pagara incluyendo, si quería, la propina. El total ascendía a 77,60 libras por lo que yo marqué 80,80 libras. Al rato, me viene la camarera y me dice que es mucha propina, que me he equivocado. Yo le digo que no, que está bien así y ella insiste ante las risas del resto de los comensales de mi mesa. Me comenta que no me preocupe, que me devuelven las 80,80 libras que he marcado y que le diga cuánto quiero pagar en total. En realidad, al teclear la cantidad en cuestión, estaba dejando una propina de 80,80 libras. Yo le respondo que sí, que me he equivocado y que lo que realmente quiero es pagar 80 libras en total.

Al no cancelar el total de la operación, devolverme 80,80 libras pero volver a cobrarme 80 libras, en realidad, estoy pagando otra vez 80 libras de propina pero no me doy cuenta hasta 10 días después cuando veo los cargos bancarios. Así que al salir de clase de inglés hoy, a las nueve y veinte de la noche a Chinatown que me he ido a reclamar el importe. Allí que me he ido pensando en la mafia china, en que estaba loco por reclamar a un chino en Chinatown, en que mi siguiente destino era ser servido como pato laqueado y que mis riñones, al menos, tendrían un buen uso en el mercado negro y, sobre todo, pensando cómo me iba a hacer entender en inglés sin que se pensaran que estaba loco o que me tenían que echar porque ya no se acordaban de nada de lo sucedido.

Al llegar allí, la misma camarera que me atendió me ha dado mil explicaciones, me ha pedido disculpas y me ha dicho que claro que se acordaba de mi y que, de hecho, estaba todo anotado pero que no tuvieron forma de avisarme. Me han dicho que no me podían devolver el dinero porque eso solo se puede hacer en el mismo día de la operación y haciendo el cargo de devolución con la terminal y la tarjeta, tarjeta que, obviamente, tenía yo. Sin embargo, me daban un vale para gastar en el restaurante por la diferencia. Yo he puesto unas cuantas pegas, a pesar de mis miedos y temores, me he ido soltando en la conversación pero, al final, he preferido coger el vale a nada y he comprendido el valor de vivir fuera de tu país.

Probablemente no he conseguido la solución más satisfactoria o quizás sí porque la camarera, aparte de disculparse mil veces conmigo, me quería dar una bolsa para los periódicos y me ha dicho que nunca se olvidarán de un cliente que quería dejar 80 libras de propina (encima con cachondeos la tía) pero me he llevado una buena lección y el ser atendido para siempre en ese restaurante con mucho mimo.

Cuando uno está en el exterior, fuera de su país, todo es más difícil. El lenguaje es una importante barrera y aunque las personas que encuentres sean majas (como en este caso) desde el momento en que la comunicación no es fácil ni fluida, el ambiente es hostil. Eso hace que debas estar activo siempre, que no te cortes ni te calles nada, que derribes tus limitaciones y no te cortes un pelo. Simplemente que no te acomodes y ése es el gran valor de vivir fuera de tu país. Que todo sea un reto hace que te espabiles, que luches y que estés despierto.

Probablemente, si esto me hubiera pasado en España, habría tenido el mismo resultado, eso no es lo importante, lo valioso es que tires abajo tus límites, que pienses que todo va a salir bien y que te hagas valer. Contratar el gas con un operador que está en la India y con un inglés que no entiendes es difícil pero ducharte con agua fría lo es aún más. Con todo esto no digo que sa necesario que salgas de tu propio país para obtener todas estas habilidades personales aunque en mi caso sí ha sido necesario. Claro que todo esto lo cuento a toro pasado, con los dos riñones en su sitio y pidiendo disculpas al honorable pueblo chino por la cantidad de tonterías que he dicho en este post.

jueves, 16 de octubre de 2008

British Museum


Si hace unas semanas elogiaba el google earth, en esta ocasión he de sorprenderme del google earth que se creó ya en 1753. El British Museum, al margen del monumento al expolio y la piratería que supone, es un sitio increíble. Se trata de un recordatorio del optimismo que supone el ser humano a lo largo de la Historia.

El British Museum muestra cómo las diferentes culturas que fuimos creando en las distintas zonas del mundo tuvieron similares preocupaciones, comportamientos e ideas. Religión, arte, instrumentos, el British supone un auténtico catálogo de nuestro paso por el mundo, a veces simplemente tratando de sobrevivir y, en la mayoría de ocasiones, tratando no solo de sobrevivir sino también de vivir y disfrutar. De cómo en sitios tan dispares como Grecia o la Polinesia tenían una idea de Dios, de religión, de cazar o de vestirse hasta cierto punto similar.

Además representa un homenaje a nuestros anteriores, y, en consecuencia, a nosotros mismos. Si ahora tenemos ordenadores y podemos volar a cualquier punto del planeta en cuestión de horas es porque alguien talló la piedra roseta o se dedicó a hacer el mausoleo de halicarnaso. Todo suma, nada se tira. Al mismo tiempo, también nos habla de lo mal que entendimos este negocio. Siendo mortales y fugaces, por lo general, a lo largo de la Historia, decidimos pegarnos e ir a la guerra en lugar de cooperar y beneficiarnos todos de esfuerzos y sinergias comunes. El British Museum no habla de otra cosa que de nuestro equivocado y apasionante paso por el mundo, un viaje violento, religioso, competitivo, codicioso pero también un trayecto artístico, creativo, brillante, original y genial.

El British nos da la oportunidad de hacer el viaje más lejano que podemos realizar, a cualquier parte del mundo en cualquier época de la Historia. En la actualidad, tiene una maravillosa exposición de Adriano, el emperador hispano que transformó el imperio y en los próximos meses ofrecerá un billete a Mesopotamia con la siguiente exposición que está programada. El mundo en una caja de zapatos, atesorando los recuerdos de uestra infancia, juventud y madurez. El British Museum la agencia de viajes más sorprendente que conozco y es gratis oiga.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Qué pena tener vergüenza

Siempre he admirado a los artistas callejeros. Piensen que tienen que captar la atención de personas que no conocen de nada. Piensen que además tiene que conseguir de esos desconocidos algo que ellos no quieren hacer. Piensen que todo ello lo tienen que hacer en dos segundos y en un lugar de paso, como es la calle. Piensen que solo disponen de un instante, el tiempo que va desde que nos ven hasta que dan el siguiente paso, un instante para captar la atención, para lograr tu objetivo. Es algo imposible para muchos de nosotros y un gran reto para unos pocos. Realmente debes ser brillante para poder sobrevivir como artista callejero, brillante y también original, valiente, inteligente y sonriente y, sobre todo, creer en ti mismo, que, al fin y al cabo, es lo que expones ante los demás. Es decir, tienes que ofrecer lo mejor de ti y la vergüenza, el freno a hacer el ridículo y el qué oensarán los demás no caben para conseguir el reto. Toda una lección.

Mucho se puede aprender de los artistas callejeros. Algunos hay realmente buenos, grandes músicos, magos, showmans. Sin duda, si montara una empresa, contrataría a alguno como directivo de mi empresa, para contar con alguien capaz de crear en un entorno de necesidad y presión. En Madrid, en el área del estanque del Retiro, en los fines de semana, se pueden encontrar grandes artistas. En Londres, sin duda, un domingo, hay que acercarse a Convent Garden.

Antigua zona de almacenes y mercado de frutas y verduras hasta 1974, Convent Garden es el lugar donde poder encontrar a los artistas callejeros en Londres. Ya desde 1662, se recuerdan espectáculos en la zona. El entorno es realmente espectacular, con muchos turistas y muchas tiendas, pubs y puestos de mercadillo alrededor de Piazza y Central Market. Si pasan por Londres, no se olviden de visitar Convent Garden con alguna moneda preparada en el bolsillo...



domingo, 31 de agosto de 2008

¡vaya a los parques...

... su salud de lo agradecerá!. Para todo aquel que viva en una ciudad, un parque resulta esencial. Si usted es un niño probablemente sea el lugar donde marque el gol que le dé a su país el campeonato del mundo. Si es adolescente, será el escenario de sus primeras conquistas. Si es usted padre o madre de familia, será el mejor lugar de ocio para sus hijos y para tomarse el aperitivo y, si ya se ha jubilado, será el lugar adonde acuda para pasar algunas horas y no estar todo el día en casa. Es el mejor gimnasio posible y el lugar de recreo de muchos reyes europeos hace ya unos siglos, precisamente cuando los reyes eran los únicos privilegiados.

Visite los parques, úselos y le cambiará el carácter para bien. En Madrid, no se entiende la ciudad sin el Retiro. En Londres, ciudad con muchos parques, hay uno que es especial aunque no es el más grande ni el más conocido.

Es Sant James Park, el más antiguo de los parques londinenses. Creado en 1532 para que los reyes ingleses tuvieran donde cazar ciervos, hoy en día es un mágico lugar con una increíble fauna de ardillas, patos, cisnes e incluso pelícanos. Conectado con otros dos grandes parques de la ciudad, Green Park y Hyde Park, va desde Buckingham Palace hasta Trafalgar Square. Se estructura en torno a un alargado y grande estanque, sus vistas son magníficas, del Big Ben, del London Eye, de Westminster... Sant James me ha hecho recordar, una vez más, lo bueno que es ir a los parques.