domingo, 9 de agosto de 2026

Ana Sánchez Lorente

El 13 de noviembre de 1967 nació Ana Sánchez Lorente. El único caso médico registrado hasta la fecha en que bastaron cinco meses de gestación para existir. Ana se ahorró cuatro meses y eso sin duda le determinó el carácter.

A los tres meses ya andaba, a los cuatro años empezó a asistir al colegio, a los ocho era licenciada en ciencias agrónomas y a los diez ya conducía su primer tractor. Ana decidió vivir sin pausa ni respiro, a los 11 años concibió a su primer hijo, que tuvo con 17 años porque una cosa es concebir un hijo y otra muy distinta traerle al mundo. Luego tuvo otros cuatro más, todos anteriores a cumplir los 25 años. Para los 30, había patentado 4 inventos sumamente útiles para la cría de la oveja merina. Decidió gastar 10 años viajando por el mundo con dos de sus hijos, los más pequeños, no había tiempo que perder y su cuidado y educación habían de ser compatibles con su tiempo limitado. Decidió vivir en Italia por un tiempo con 47 años, siendo zapatera para volver rápidamente a su país, tras más de 15 años fuera. 

Escribió cinco novelas de éxito, fundó un instituto para el estudio de las relaciones internacionales e impartió clases en la Universidad otros 5 años. A los 56 decidió cambiar la vida y fue una relojera famosa, fabricando los más sutiles mecanismos y relojes para medir el tiempo. 

A los 60 uno de sus nietos le sorprendió diciendo y tú, ¿qué has hecho en la vida? Siempre había pensado en las cosas que quería hacer en la vida y nunca miró atrás. Eso le llevó a querer dejar un legado y fundó una ONG que logró sacar a miles de niños de las peligrosas calles de Abuja en Nigeria.

Por eso con 70, ya no le importaba vivir más, había hecho todas las cosas que había soñado, había vivido bien la vida, había logrado todas las vidas que había querido vivir, no renunció a nada aunque tenía una ligera sensación de que, optando a todas esas cosas, había dejado de hacer muchas otras, había renunciado a muchas otras vidas alternativas. Se fue a navegar por los 7 mares y, finalmente, recaló en Málaga con 78 años. Acudía regularmente al teatro, leía el periódico y se fue diluyendo en una vida normal, si es que alguna lo es. Ya pasó.   

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