domingo, 2 de agosto de 2026

TIEMPO

Es lo único que ella pide. Tiene 50 años, siempre sonríe, se desvive por los demás y, en especial, por sus tres hijos. Piensa que el mundo lo gobierna el amor y que si ella ama a los demás, entonces vivirá bien el tiempo que le sea dado. 

No pide que le quiten los dolores, no se queja. Si acaso pide solo dormir por las noches un poco sin dolor. Ella lo único que quiere es tiempo, tener más, para vivir con los suyos, para dejarles cuidados y preparados para la vida. Vive día a día, minuto a minuto, segundo a segundo, no piensa en cómo serán sus nietos ni en cómo será la vida de sus hijos, pensar en ello sería demasiado doloroso. Sobrevive y lucha, con sus lagunas y olvidos, con su alegría y amor.

No sabe cuánto más podrá estirar el tiempo, qué momentos se podrá llevar con ella, no le preocupa el futuro que trata de ganar cada día sabiendo que el tiempo vuela y ya lleva unos cuantos años de propina. Confía. Espera. Gana. 

Habla sin tapujos de sus problemas y de sus preocupaciones, sus hijos y el no dejarles demasiado pronto. Es ejemplar aunque ella dice no. Es demasiado duro lo que le ha tocado vivir y lo acepta, aunque sea duro, sin ayuda psicológica pero con ayuda de sus valores y creencias, con amor por encima de todo. 

Estos últimos días disfrutó de viajar, más recuerdos, más experiencias, con muy poca ambición pero con muchísima emoción. La alegría es lo que le queda cuando ha perdido tanto. Alegría trufada de dolor pero, sobre todo, de mucho amor. Dos años más son los que han pasado, noviembre ya está aquí, tras el verano, seguimos viviendo... Gracias por estos tres días en Londres y por hacernos vivir 72 horas como si fuéramos eternos.


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