Hoy hace un año llegué a Londres. Un 19 de agosto cargado de incertidumbres y esperanzas, proyectos y despedidas, de miedos y fortalezas, un 19 de agosto ciertamente optimista. Llegué a Victoria Station exactamente hace un año, 365 días. Recuerdo que llovía y me dije: "pues si llueve en agosto no te queda nada todavía por pasar aqui...".
Hoy hace un año surgen las mismas sensaciones encontradas. Cuando uno está en el extranjero el tiempo vuela pero es intenso. Ha pasado un año, en realidad ha volado un año pero lo recuerdo como si me hubiera ido hace cuatro. Cuando uno vive fuera de su país es lo que ocurre, todo es muy intenso, eres una esponja que trata de absorberlo todo, de aprenderlo, de hacerte a un ambiente cuanto menos extraño. Es entonces cuando el tiempo pasa lento, al fin y al cabo tienes una tarea ingente por delante que has de abordar lo más pronto posible.
Y es entonces cuando el tiempo pasa rápido porque empiezas a hacer cosas, a enterarte de cómo sacar la basura, de cómo inscribirte en el ayuntamiento o cómo pagar el gas y es entonces también cuando el tiempo empieza a pasar rápido, haciendo mil planes, recibiendo familiares y amigos desde España o yendo de visita por toda Europa. Y así las cosas ha pasado un año de forma muy rápida pero de forma muy lenta también porque, cuando vuelves hacia atrás, empiezas a recordar lo vivido y no das crédito de todas las cosas por las que has pasado.
Comprendes que es igual cómo pase el tiempo. Resulta que tanto en Londres como en España, en Angola o Vietnam contamos con los mismos segundos, minutos y horas. Parece ser que en Washington los días también tienen 24 horas, como en Ibiza, Lisboa o Buenos Aires.
Y poco a poco comprendes que lo importante no es si el tiempo pasa rápido, sino que lo crucial es llenar tu tiempo con novedades, con nuevas personas, con nuevas experiencias, nuevos sabores y nuevas formas de pensar sin olvidar por eso de dónde vienes y las personas, experiencias, sabores y formas de pensar que ya te acompañaban. Todo suma y es eso lo que hace que el tiempo, a pesar de que vuela, pese y lo recuerdes como intenso, ya vivas en el extranjero o en tu país. Hoy hace un año llegué a Londres, que rápido ha pasado pero qué lento ha sido...
Hoy hace un año surgen las mismas sensaciones encontradas. Cuando uno está en el extranjero el tiempo vuela pero es intenso. Ha pasado un año, en realidad ha volado un año pero lo recuerdo como si me hubiera ido hace cuatro. Cuando uno vive fuera de su país es lo que ocurre, todo es muy intenso, eres una esponja que trata de absorberlo todo, de aprenderlo, de hacerte a un ambiente cuanto menos extraño. Es entonces cuando el tiempo pasa lento, al fin y al cabo tienes una tarea ingente por delante que has de abordar lo más pronto posible.
Y es entonces cuando el tiempo pasa rápido porque empiezas a hacer cosas, a enterarte de cómo sacar la basura, de cómo inscribirte en el ayuntamiento o cómo pagar el gas y es entonces también cuando el tiempo empieza a pasar rápido, haciendo mil planes, recibiendo familiares y amigos desde España o yendo de visita por toda Europa. Y así las cosas ha pasado un año de forma muy rápida pero de forma muy lenta también porque, cuando vuelves hacia atrás, empiezas a recordar lo vivido y no das crédito de todas las cosas por las que has pasado.
Comprendes que es igual cómo pase el tiempo. Resulta que tanto en Londres como en España, en Angola o Vietnam contamos con los mismos segundos, minutos y horas. Parece ser que en Washington los días también tienen 24 horas, como en Ibiza, Lisboa o Buenos Aires.
Y poco a poco comprendes que lo importante no es si el tiempo pasa rápido, sino que lo crucial es llenar tu tiempo con novedades, con nuevas personas, con nuevas experiencias, nuevos sabores y nuevas formas de pensar sin olvidar por eso de dónde vienes y las personas, experiencias, sabores y formas de pensar que ya te acompañaban. Todo suma y es eso lo que hace que el tiempo, a pesar de que vuela, pese y lo recuerdes como intenso, ya vivas en el extranjero o en tu país. Hoy hace un año llegué a Londres, que rápido ha pasado pero qué lento ha sido...



