Llego a casa, me quito el abrigo, preparo algo rápido para comer y me siento a la mesa, enciendo la radio. Gordon Brown anuncia mayores controles de seguridad en los aeropuertos británicos y el uso de escáneres corporales, "me cago en la mar, qué rollo que es volar, más tiempo, más colas...", me digo a mi mismo. Operación salida del puente de todos los santos, sin problemas en la mayor parte de las carreteras. Sigo comiendo, siguiente noticia, 100.000 muertos en el terremoto de Haití, pasa el enfado por lo pesado que es volar, "pobre gente", me digo. Cobertura especial, primeros saqueos e imágenes del horror abriendo los telediarios.
Quien más se siente concernido hace una donación, el IBEX35 cierra cercano al nivel de los 12.000 puntos, previsión del tiempo, un frente nuboso llega por Galicia, acabo de comer, ¿qué hacemos esta tarde?. La vida se ha parado hace ya cuatro días en Haití, pero no en el resto del mundo.
Siempre me ha sorprendido cómo logramos vivir en medio del horror, ciegos a la tragedia. En una, dos o, con suerte para los haitianos, tres semanas, los medios de comunicación se habrán olvidado de refrescarnos el horror, ese horror. Volveremos a la rutina, a ver cómo dos señoras discuten porque ambas se creen con derecho a ser atendidas en la pescadería, no se dieron la vez y las dos dicen que llegaron antes que la otra. En el Mercadona hay una cola grande en la caja y yo que bajaba a comprar el pan, nunca más vuelvo, no se por qué no ponen más cajeras. Y así volvemos a nuestro quehacer diario.
Acerca de Haití y lo que estamos viendo, podríamos hablar en este post de los males del capitalismo, de este progreso excluyente e insostenible en el que vivimos, podríamos hablar de la inutilidad de los sucesivos gobiernos dictatoriales de Haití y, peor aún, de la inutilidad de los principales dirigentes de la comunidad internacional, de la hipocresía de sus discursos y de nuestras sociedades pero yo me quedo en nuestra ceguera para ver el horror.
Igual que no podemos vivir a diario pensando en que vamos a morir, no podemos vivir pensando en el sufrimiento que hay en el mundo. No es que seamos egoístas o malos, simplemente no vemos los problemas que hay en el mundo, estamos ciegos, no tenemos esa capacidad porque si no no podríamos vivir.
No es que seamos cobardes y miremos para otro lado, es que somos humanos, nos preocupamos en que nuestra vida no se detenga, que haya rutina no vaya a ser que un terremoto nos la detenga, es algo completamente lógico y normal. Esta vez no es nuestro terremoto, seremos solidarios y nos volcaremos en una ayuda internacional masiva, poco coordinada y poco eficaz pero ayuda al fin y al cabo y luego ya veremos, mañana tengo examen de físicas, no es nuestro terremoto y la vida sigue. Incluso pensamos, "yo no doy que al final no llega" y yo me digo con que llegue un céntimo de cada euro que se da ya valdría pero ése no es el tema de hoy.
El tema de hoy es que esa necesidad de rutina, esa incapacidad o ceguera para ver la realidad es el principal escollo para que dos terceras partes de la humanidad deje de vivir en condiciones no aceptables, pero que esa misma necesidad de rutina, de esforzarse por encontrar una vida normal, por sobrevivir a pesar de todo y hacerse con una rutina y una normalidad, afortunadamente, es una de las principales herramientas que tendrán los haitianos cuando la atención de los medios de comunicación se vaya a otras noticias. Ánimo a todos los cooperantes y ONG´s que trabajan para hacer un mundo más justo ya sea con ayuda de emergencia o con ayuda al desarrollo, ellos son nuestros oftalmólogos.







