Cuando el hombre tiró la primera piedra se la dirigió a otro hombre porque consideraba que estaba invadiendo su territorio de caza, luego le tiró una piedra a otro que le cogió sus frutos. Pasados unos años, fue la rueda lo que motivó que se pelearan de nuevo nuestros dos protagonistas. Ambos se pensaban con derecho a utilizarla. Uno se había enfadado con el otro porque no le dejó suficiente espacio en la cueva para pintar y ahora pensaba que ya estaba bien de renunciar, era su turno de disfrutar de la rueda.
Se hicieron mayores y ese material dorado que tanto brillaba, y que uno llamaba oro y el otro riqueza, fue siempre un elemento de conflicto, al igual que el uno no se dejaba mandar por el otro. Aparecieron varios dioses, uno el de uno y el otro el del otro y ambos siguieron peleando. Eso hizo que uno de ellos se fuera a otras tierras, quería que le dejaran vivir a su modo y manera pero no hizo sino entrar en conflicto con otros hombres que vivían en las nuevas tierras.
Con todo allí se quedó uno de nuestros protagonistas hasta que sus antiguos conocidos fueron allí a seguir peleando. Otro inventó el ir en barco y uno se peleó con él, quería que le contara el secreto de la navegación. Unos más altos y fuertes, mejor armados vinieron a robar la tierra de los otros. Unos construyeron pirámides, otros las saquearon, algunos emprendieron imperios que otros destruyeron, unos pocos inventaron ingenios que otros explotaron. Los de piel negra fueron tratados como inferiores y en cambio un líquido negro empezó a mover el mundo. Llegó la Guerra, de 100 años, y de 6 días, Civil y Mundial, Fría y Nuclear, de religión y comercial y en ésas seguimos, de conflicto en conflicto, en el trabajo, con los vecinos, entre parejas y entre familias y en las mismas familias también. Somos un conflicto y lo seguiremos siendo, supongo que es lo que nos hace crecer pero ¿y si nos hubiéramos equivocado?. 10.000 años o más de conflictos y humanos y así seguimos oiga, cuando menos da que pensar.






