domingo, 9 de mayo de 2010

De las tristezas malignas y los optimismos atávicos.

El hombre es el único animal con la capacidad de fastidiarse la vida. El ejemplo es bien claro. En la jungla, cuando una manada de leones hambrientos persigue a las gacelas y caza a una y la devora, el resto de las gacelas se para, vuelve a comer, a jugar, a la vida normal y se le olvida que vive en un entorno amenazante, inseguro e incierto.

El hombre, en el mismo caso, una vez cazado un hombre por los leones, sigue corriendo, muerto de miedo, se pertrecha de armas  y sigue huyendo de esos leones por si acaso vuelven a tener hambre, pasa noches en vela no vaya a ser que los leones quieran cenar. El hombre es el único animal con capacidad de fastidiarse la vida y de tener un 90% de preocupaciones que realmente no llegarán a darse en su vida. 

Vengo en el tren de camino del aeropuerto y comienzo a hablar con un argentino sobre la crisis económica. Le digo: "La Argentina ya no está tan mal, empezó a recuperarse, es un país rico, podrá salir". El argentino en cuestión me contesta: "Vos, no te engañés, la gente se acostumbró a estar mal, llevamos ya 10 años de crisis, por eso estamos mejor que acá, en Europa, estamos acostumbrados...". "Sí y como hay un punto en el que a peor no se puede ir...", le respondo. Y es entonces cuando me da una de las mejores lecciones que sobre economía he recibido: "Vos no te engañés", me repite, "sieeeeeeeeeempre se puede ir a peor...", la genialidad argentina en estado puro.
Hablamos hoy de la tristeza maligna, la que nos hace estar en guardia, preocupados, con presión. Al fin y al cabo, la superviviencia es un tema muy duro, más aún cuando el talento no asegura el éxito ni el éxito la felicidad. Muchas situaciones de éxito profesional no se traducen en éxito personal y a la viceversa también. No se puede tener todo en esta vida. La tristeza maligna, el pesimismo, bien encauzados no tienen por que ser negativos.

Frente a ellos, con todo, si miramos la historia de la evolución, la historia del hombre, ésta siempre ha venido presidida por una característica, nuestro optimismo, un optimismo atávico, un destino, una convicción de que íbamos a mejor. Sabiendo que vamos a morir, ¿qué nos impulsa a inventar el tornillo, el botón, a dominar el fuego, a inventar ordenadores, coches, aviones y un sinfin de comodidades?. 

Las cosas han sido tan duras, es tan difícil sobrevivir que o pensamos que somos capaces o nos hundimos, pensamos que el pasado fue mejor y que el futuro será más fácil que ahora, porque si no somos optimistas morimos ya. Hablamos hoy también del optimismo atávico, el que nos hace agarrarnos a la vida y crecer tanto que hemos sido capaces de llegar a la luna a pesar de que, cuando uno menos se lo espera, un volcán no le deja llegar a Santander. Si uno no es optimista, ¿cómo soportar un fracaso amoroso?. ¿Cómo vivir en un mundo con tanta hambre y tanta violencia?. ¿Como dar por rutinaria una tarde en el cine o una cena con amigos?. Somos grandes optimistas, ignorantes e inconscientes optimistas ajenos a la realidad y por eso mismo, sanos y salvo en esto del sobrevivir.

Mis queridos monos del Senegal, mezclen lo mejor del optimismo atávico con lo peor de la tristeza maligna, encuentren su punto medio y si ven leones hambrientos, !CORRANNNNNNNN¡.

10 comentarios:

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pedja:

Maravilloso el post documental que nos dejas hoy. Yo siempre me apunto al optimismo realista que es el que sabiendo que todo está mal o peor, hay una mínima esperanza de que mejore todo y eso es, consciente o inconscientemente, lo que nos mueve.
Un abrazo

Pedja dijo...

Querido Fernando,

No lo podía haber condensado mejor en menos palabras, bravo. Muchas gracias por el comentario y por aportar tanto al blog, un abrazo.

Joana dijo...

Hola, Pedja.
No viene mal, no, tomar consciencia de que, a menudo, como dijera A. Gramsci, el optimismo es cuestión de voluntad, de no dejarse llevar por ciertas tendencias fatalistas y no ponérselo fácil a los que sacan provecho del miedo, la inseguridad y el derrotismo (algo escribí sobre eso en mi blog el mes de marzo).
Nadie dijo (o no debiera haberlo dicho) que vivir sea fácil; pero es lo que hay. Y que echarle ganas y valor para que cada uno pueda vivir su propia vida y no se la vivan, ¿no?
Un abrazo

Joana dijo...

Y hay que echarle ganas y valor..., he querido decir, claro :)

María dijo...

Tristezas malignas es lo que yo trato de evitar con mi trabajo y.. son tantas!.
Se traduce en no vivir el momento sino estar angustiado por perderlo. ¿Por que no probar a volver jugar e ir adivinando las ventajas de sufrir,disfrutar,las ironías, enigmas y contradicciones de esta vida?
Jugar a vivir sin miedo!
Quizás conozcáis el video?
http://www.contagiatedesalud.com/2010/03/jugar-para-vivir.html
besos,
María

MaS dijo...

Vos, no te engañés, amigo, si un león hambriento se acerca a nuestras nalgas y olisquea nuestra tristeza... casi seguro, que es su optimismo atávico el que le indica que corra en dirección opuesta. No vaya a ser contagioso y al león se le caigan los dientes.
Super.
Me ha encantado.
un saludo con optimismo,
M.

Pedja dijo...

Querida Joana,

Me meto ahora mismo en tu blog a ver esa entrada y efectivamente, nadie nos dijo que esto fuera fácil pero sí podemos decir que es apasionante. Gracias por participar, un abrazo.

Pedja dijo...

Querida María, gracias entonces pr tu trabajo y por el vídeo que has dejado. A partir de hoy, cuando tenga un miedo o una preocupación jugaré a superarla, gracias por el consejo, un abrazo.

Pedja dijo...

Querida MaS,

Los posts, aqui en el faro del fin del mundo, generalmente se abren con un comentario de Fernando, que los condensa a la perfección y una conclusión tuya que los resume. Esas semanas me quedo tranquilo porque sé que el post no fue malo, un abrazo y gracias por paticipar.

Anónimo dijo...

la vida es un teatro. Se trata de hacer bien el papel que uno quiere hacer.