sábado, 18 de septiembre de 2010

De fiebres y anginas.

39 grados, un calor insoportable oiga. Frío, tiritona imparable, dolor de músculos, de espalda, hasta de respirar, ya ha pasado otra media hora, aburrido y con ojeras. Silencio, duele al tragar aunque eso poco importa cuando no hay ganas de comer. He tenido esta semana una amigdalitis como hacía más de 10 años que no cogía. El tema es que uno enferma poco, eso es algo que uno tiene que hacer bien de niño para luego estar inmunizado.

El problema es que no siempre se puede controlar eso y cuando se coge de mayor, lo que sea, es más complicado, se pasa peor que de pequeño. Las cinco de la mañana, empapado en sudor, incapaz de dormir, la cabeza estallando, ya ha pasado otra media hora.

Y qué quieren que le diga, qué mal se está cuando se está mal, y qué bien se está cuando se está bien. ¿Por qué nos olvidamos de ello?. Yo comprendo que uno no puede estar eufórico por la capacidad de andar o de querer comer, que uno no puede dar saltos de alegría por tener el termostato de su cuerpo funcionando bien. Se trata de ir cubriendo necesidades como decía Maslow. Cubierto lo primario, vamos a por lo secundario pero yo me digo, ¿cómo se nos olvida que respirar es un placer?. ¿No podemos estar felices simplemente por poder ver, o sentir una caricia en la piel?. Es más, no descarten la importancia de cagar, es cierto que no podemos hacer una fiesta de ello o quizás sí, yo diría que sí pero no voy a seguir por esas lindes, tranquilos...

Me fascina la capacidad que tenemos para olvidarnos de lo bien que estamos a diario. Nos cabreamos por perder el autobús, porque se nos cuele en la cola del pan un maleducado cuando nuestras rodillas están perfectamente bien. Yo entiendo que no podemos estar eufóricos pero qué quieren que yo les diga, yo esta semana en cuanto me arregle un poco más lo estaré, cagar será una fiesta, se lo prometo. 

Es más, ya estoy feliz, porque estoy hablando de unas anginas y una fiebre que me ha durado dos días, con la suerte de un médico que ha venido a mi casa y me ha dado la medicina indicada, con un montón de gente que se ofrecía a venir a mi casa a traerme lo que fuera necesario, fruta, zumos, medicinas, ¿cómo se nos puede olvidar lo privilegiados que somos? Incluso enfermos, tenemos motivos para alegrarnos pero me temo que tenemos algo metido en nuestra mente que nos hace ser tibios ante momentos de extrema dureza y de extrema dicha. Ni nos morimos de dolor ni nos moriremos de felicidad en el Primer Mundo, se lo aseguro. 

Decía mi abuela que "Dios no nos dé todo lo que estamos dispuestos a soportar" y yo ahora digo "que Dios nos da más de lo que podemos disfrutar", será efecto del desarrollo y la evolución que no de la supervivencia. Cuídense, se lo recomiendo.

6 comentarios:

MARTA dijo...

Cómo lo haces? Hasta malo te sale un buen post, el corolla me mola, besos

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pedja:

Fantástico. A eso es lo que yo llamo entender la vida. Somos quejosos por naturaleza porque nos han enseñado a ello, a ver la parte negativa pero no la positiva y sobre todo no nos han eseñando a "gestionar" los inconvenientes.

Me ha encantado
Un abrazo

Kike dijo...

Buena recuperacion y buenos alimentos!

Tu dices: "cagar será una fiesta"
Y yo digo: "ya lo esta siendo!"

Escatologicamente tuyo,
kike

Pedja dijo...

Bueno Marta pues está para usarlo, ya sabe que me haces un favor, besos¡¡¡

Pedja dijo...

Fernando, muchas gracias como siempre, a pesar de mis irregularidades y repeticiones sigues fiel al blog, muchas gracias como siempre, un abrazo.

Pedja dijo...

Kike me alegra saber que va todo bien y que no tienes problemas en el baño, gracias por el comentario¡¡¡, un abrazo hacia Brussels¡¡¡