domingo, 11 de marzo de 2012

Las alternativas al big bang

Soy Jules Grimond, juez de la Corte número 1 de Ginebra. Mi existencia ha sido buena, apacible y tranquila, bueno todo lo tranquila que puede ser la vida de un juez.  Mi madre, al terminar la Universidad del pequeño cantón suizo de Argovia me preguntó: ¿por qué no eres juez?. 

La hice caso y, tras algunos esfuerzos, estudios y exámenes conseguí mi plaza en Ginebra. Ser juez en Suiza es algo muy tranquilo, disfrutamos de los niveles de delincuencia más bajos del mundo. Aqui siempre hemos sido neutrales, en las dos Guerras Mundiales y en la Guerra de los Cien Años, aqui se creó la Cruz Roja y tenemos la sede de numerosas organizaciones internacionales. Suiza es  un lugar muy tranquilo para un juez.

Así de cómoda era mi existencia hasta que llegó el caso más importante hasta la fecha que he tenido que resolver. Es un expediente de miles de folios, alegaciones y con unas implicaciones que nunca alcanzaré a comprender en su totalidad. Soy el juez que ha de resolver el caso del acelerador de partículas. Entiéndame bien, no es que el vigilante de seguridad se volviera loco y decidiera asesinar a su compañero una noche ni tampoco es que haya habido un acuchillamiento entre científicos enfrentados por sus teorías e investigaciones, no. 

Mi problema es que tengo que decidir entre cerrar el acelerador de partículas por poner en peligro a la humanidad en su conjunto, a la actual y a la futura o, por el contrario, permitir su funcionamiento, asumir el riesgo y ver si logramos sacar algo en claro de nosotros mismos. Si me equivoco, tendré sobre mis espaldas el peso del fin de la humanidad pero, a la vez, puedo ser el juez que prefirió arriesgar y permitir que nos acercáramos a la solución de todo, incluso desvelar o no la existencia de Dios aún a riesgo de crear un agujero negro que lo engulla todo, la humanidad y el universo entero. 

Para eso cuento con un instrumento realmente débil y poderoso a la vez, abstracto cuanto menos, no es nada material, es algo que llamamos ley pero que no sabemos realmente mucho sobre él. Dicen que se podrían descubrir hasta 11 nuevas dimensiones de ser exitosos los experimentos que otros me piden prohibir. ¿Qué hago?. ¿Permito el mayor logro de la humanidad?. ¿Abro la llave a un nuevo mundo, donde conceptos como el tiempo, la eternidad, la materia o el alma debieran ser redefinidos?. Sin embargo, ¿firmo la sentencia de muerte de la humanidad?. Todo ello en un mundo donde seres humanos mueren de hambre mientras se destinan grandes sumas de dinero a la investigación espacial sin que lo uno sea incompatible con lo otro pero sí paradójico. Ya ven, todo es una paradoja, por eso les pido su opinión, ¿ustedes qué harían?...


2 comentarios:

Fernando López Fernández dijo...

Un gran dilema. A veces es una ventaja no ser juez. Francamente, no se lo que haría, aunque es posible que me decantase por abrir nuevas posibilidades. si no lo decidiese yo, ya lo haría otro. Entonces ¿por qué demorar lo inevitable?
Un abrazo

Pedja dijo...

Si tienes dudas hazlo, igual creo un agujero negro pero eso se tragará hasta mi error y si no se lo traga alguien aprenderá de mi error. Sí definitivamente que siga funcionando el acelerador de partículas, gracias Fernando, un abrazo.