domingo, 9 de noviembre de 2008

Nuestra cuota de ego

Esta semana, una amiga me mandó un correo electrónico titulado "El valor de una coma". En este correo se mostraba el siguiente mensaje: "Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría a cuatro patas en su búsqueda".

El mensaje continuaba: "Falta una coma ¿no? ¿Dónde?

Solución:

Si usted es mujer, con toda seguridad ha colocado la coma después de la palabra mujer.
Si usted es hombre, con toda seguridad ha colocado la coma después de la palabra tiene".

Todos tenemos ego, todos nos creemos con un valor, aunque sea pequeño. Todos nos pensamos en lo cierto, con la razón o, al menos, no totalmente errados. Una pequeña parte interior de nosotros debe ser alimentada, el ego. Yo mismo escribo este blog sin grandes pretensiones pero me encantaría que me felicitaran por la calle por su innegable calidad, que no digo yo que la tenga, aunque la tiene y mucha (ejemplo de mi ego).

Todos tenemos ego y, aunque escondido o limitado, tratamos de que los demás nos lo cuiden. Es por ello que los pelotas funcionan tan bien en todas partes. Cuando vemos a alguien haciendo la pelota a otra persona pensamos: "qué asco, qué pelota, ¿cómo no se dará cuenta el otro de que le están dorando la píldora?, ¿cómo no se dará cuenta de que le están haciendo la pelota descaradamente?". Pelotas hay en todas partes, en clase, en el trabajo, en la calle, tienen mucho éxito.

Sin embargo, cuando es a uno mismo al que le hacen la pelota, uno suele pensar: "Hombre, por fin alguien que se da cuenta de lo que valgo" o "por fin alguien ha observado mi don para saber hacer..." y así vamos funcionando. Sin embargo, creo que tenemos que darnos cuenta de lo que realmente valemos, de para lo que valemos y de para lo que no valemos. De nuestras limitaciones y de nuestros aciertos. Ni tan altos ni tan calvos y de eso uno se da cuenta con pequeñas cosas, con pequeñas comas como las del mensaje que están ahí para avisarnos.

Es importante dotarse de dos o tres personas que nos conozcan a la perfección y que tienen la difícil, impagable y desagradecida función de decirnos: "por ahí no, estás equivocado..." o la algo más grata pero igualmente difícil misión de alentar nuestros aciertos. Quienes nos conocen sí pueden calibrar nuestros aciertos sin caer en el triunfalismo ni en el peloteo o de criticarnos sin hundirnos, sino con la sana intención de hacernos mejorar. Sólo con estas muletas, con estas comas, tendremos la adecuada cuota de ego que a todos nos corresponde.

Ya saben, mis queridos monos, doténse de comas, de amigos o de pequeñas pistas que les digan por qué lado tirar.



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2 comentarios:

Marta dijo...

Mi ego estaba bien hasta que me has llamado mona
Tu lectora

Pedja dijo...

Hombre pero si te vistes de seda igual lo arreglamos, gracias por participar lectora, besos, Pedro.