martes, 1 de diciembre de 2009

Historia de un botón.

Un botón es algo realmente insignificante si no te paras a pensarlo. Todos los días nos abrochamos unos cuantos de una forma mecánica y absolutamente inconsciente, ignorando la fantástica tecnología que se esconde tras un botón. Ésta es la historia de un botón de nácar:

"Déjale marchar, vamos, no le cortes las alas a tu hijo, total son dos años sólo". Con esas palabras convenció mi tío Josiah a mi padre para que me dejara embarcar en el segundo viaje del HMS Beagle por el mundo. Zarpé el 27 de diciembre de 1831, dejando atrás las lágrimas de mi madre por no poder pasar con ella la noche de fin de año. Yo esperaba verla dos años después, ignorando que el destino me tenía guardado un fabuloso viaje por todo el mundo de casi... 5 años.

"¿Por qué te llaman Jemmy Button?", le pregunté nada más zarpar a un indígena que nos acompañaba en el viaje y que nos serviría de intérprete con algunos nativos de América del Sur.

"El capitán dice que me nombraron así porque les dio un gran boton de nácar a mi familia para que me dejaran marchar pero me parece a mi que lo dice para evitar ser juzgado por secuestro". Pronto entablé amistad con Jemmy Button, el indígena que había sido educado durante un breve tiempo en la cultura británica. Me di cuenta que la cultura y la educación pueden hacer refinar tanto al ser humano como la falta de ella asilvestrarlo y hacerle un salvaje miserable y degradado. Todo lo hace la educación. A las personas nos pasa lo mismo que a los animales, nacemos salvajes y nos domesticamos por medio de la cultura y la educación.

Al llegar a Tierra de Fuego, Jemmy Button volvió con los suyos y yo tenía la firme esperanza de que hiciera un gran trabajo de evangelización y educación con los de su tribu. Le volví a ver un año más tarde y le dije: "¿Qué te vuelves a Inglaterra?, nos tomaremos un té y podremos salir a cazar zorros si quieres. Te puedo presentar gente en la Universidad que te ayude a completar tus estudios, además podrás visitar Europa y ver mucho mundo", le pregunté firmemente convencido de sus ganas de volver a Inglaterra. En cualquier caso, algo había cambiado en él, ya no era el mismo.

"Querido Charles, qué poco me conoces. Me acabo de casar, visto apenas con un taparrabos y aqui, entre la gente de mi tribu, he conocido la felicidad. Si volviera allí sería infeliz. Sé que a tus ojos soy un salvaje, inferior a ti pero yo soy feliz así".

Soy Charles Darwin, nací hace 200 años y fui el creador de la ciencia de la biología. Formulé la teoría de la evolución y del origen de las especies, despejando a la humanidad de uno de sus mitos más antiguos y lo que nunca comprendí es como Jemmy prefirió vivir como un salvaje a disfrutar de la civilización. Definitivamente, ese viaje a bordo del Beagle cambió mi vida. Fue un viaje en el que trabajé como nunca lo había hecho y por el que no percibí ni un penique, pero que me cambió radicalmente mi visión de las cosas. Descubrí que hay otras formas de vida que a otros les puede gustar. A pesar de que a mi no me parezcan apropiadas, he decidido no juzgarlas, no vaya a ser que el que esté equivocado sea yo. Con todo, yo prefiero vivir de forma civilizada, en Inglaterra y con botones...



2 comentarios:

Fernando López Fernández dijo...

Saber mirar, entender y respetar, ese es el eslabon perdido del ser humano.

buen post, un abrazo

Pedja dijo...

Mejor aún el comentario Fernando, como siempre dando en el clavo, un abrazo y muchas gracias por comentar.