domingo, 28 de septiembre de 2008

Placeres

Un cena, un paseo por el parque, una vela apagada, una conversación, un abrazo, una buena película, un partido de tenis, un helado de vainilla, leer el periódico, una playa, un aperitivo, un chiste, recordar con los amigos de la infancia aventuras pasadas, un abuelo, tus padres, el sol al atardecer o al amanecer, el olor a tierra mojada, unas natillas, un tomate con sal, una bodega, ir al campo, un olivo, un libro, un viaje, Internet, un pueblo, un restaurante...

Éste es el post más largo que jamás podré escribir porque es interminable, trata de los placeres que disfrutamos todos los días. Para muchos son cosas normales, que no echamos en falta porque las tenemos todos los días pero son placeres únicos e irrepetibles. Como bien dice mi amigo Paco, citando a su admirado Leonardo Da Vinci, "quien no aprecia los placeres de la vida, no los merece".

No nos queda otra, cada día hay placeres insuperables e inimaginables, disfrutémoslos y hagámonos merecedores de ellos.




4 comentarios:

Paco dijo...

Gracias por citarme, Pedro.

Efectivamente, como apuntas, cada día nos brinda cientos de estampas para saborearlas. Una pinta en Covent Garden, una tumbada en Hyde Park, un paseo por Regent´s Street, un buen partido de fútbol en el Sports Cafe, una chinese box en Camden Town...

En cierta ocasión, en la publicación Reader´s Digest se recogían unas palabras de June Callwood que aparecen en «The one sure way to happiness». Las reproduzco: «Nada hace que la felicidad sea más inalcanzable que tratar de encontrarla. El historiador Will Durant describe cómo buscó la felicidad en el conocimiento y sólo encontró desilusiones. Luego buscó la felicidad en los viajes y sólo encontró el cansancio; luego en el dinero y encontró discordia y preocupación. Buscó la felicidad en sus escritos y sólo encontró fatiga. Una vez vio una mujer que esperaba en un coche muy pequeño con un niño en brazos. Un hombre bajó de un tren y se acercó y besó suavemente a la mujer y luego al bebé muy suavemente para no despertarlo. La familia se alejó luego en el coche y dejó a Durant con el impacto que le hizo darse cuenta la verdadera naturaleza de la felicidad. Se tranquilizó y constató que todas las funciones normales de la vida encierran algún deleite».

Un abrazo,

Paco Alcaide

Pedja dijo...

"Se tranquilizó y constató que todas las funciones normales de la vida encierran algún deleite".

Gracias Paco, exactamente ésa es la idea de este post. La tumbada en Hyde Park la practico frecuentemente pero lo de la chinese box mejor en Copenhague... Gracias Paco por el comentario, mejoras el blog, un abrazo.

Arturo dijo...

Inevitable aquí rememorar "El primer sorbo de cerveza y otros placeres minúsculos", de Philippe Delerm. No fue agraciado con la mejor traducción posible, pero sigue siendo... un placer.

Pedja dijo...

Arturo como siempre hablando de placeres minúsculos, que pillín, un abrazo.